Siendo niño era un lector compulsivo; me valía casi todo, siempre que tuviera mucha letra. En esos momentos comprendía y me gustaba mucho compartir, fundamentalmente por necesidad. Después de acabar con la biblioteca del colegio, “ataqué” compulsivamente los libros de mis compañeros y parientes, para terminar finalmente en la Biblioteca sita en aquel momento en la Diputación Provincial. Cuando pude disponer de algún dinerillo, lo invertí todo en libros, centenares y centenares con los que empecé mi colección actual. En ese momento empecé a valorar los libros más aun y tuve alguna mala experiencia en “compartir” libros, perdiendo algunos. Para mi supuso una tragedía, y a partir de ese momento perdí parte del encanto de compartir. Sin embargo, ahora, muchos años más tarde, vuelvo a recuperar esa sensación; ¿por qué? Pues por que estoy disfrutando de nuevo de las visitas a la Biblioteca. Aun no “vivo” en la hemeroteca como cuando estudiaba Bachillerato y la biblioteca estaba cerca (mis horas de descanso las pasaba entre dos librerías y la sala de revistas y periódicos de la Biblioteca), pero me embarga el sentimiento de rata de biblioteca que tenía antes, viendo miles y miles de libros ordenados, revisarlos y, sorprendentemente, encontrar alguno fantástico. Mi alma interna lucha ahora entre el placer de ver metros y metros llenos de libros, como mi estudio multiplicado por 100, y la comodidad de la lectura usando un lector de libros electrónicos, en mi caso un Kindle. Me pregunto en los momentos en que estoy revisando los clásicos en la Biblioteca que parte vencerá finalmente. Debido a mi deformación actual hacia la electrónica y la tecnología, supongo que en un lapso muy corto de tiempo abandonaré la lectura del papel, pero por ahora la resistencia es mayor de lo que presuponía. Me voy ahora mismo a leer un libro que he pedido prestado hoy por la mañana y algún otro de los 45 que tengo ya en el Kindle. Veremos cual vence… hoy.
PD. Tengo una prueba irrefutable de que acabará ganado el lector electrónico; ya tengo en el mis libros fundamentales, El Señor de los Anillos y La Biblia. Si a eso le sumamos que lo podemos llenar de más de 1000 libros y seguir pesando lo mismo, la guerra está decidida.
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